Y, nuevamente, fue algo de lo que me di cuenta conversando. Estaba en el camino de regreso a Bielefeld desde Hamburgo, la página de Mitfahrgelegenheit me permitió venir en el auto de una ex-bielefelderina que ahora vive feliz con su novio en aquella otra ciudad más grande. Me preguntó de dónde venía y así empezó la conversación. O tal vez empezó desde antes, desde el momento en que decidí sentarme en el asiento de adelante. A lo mejor incluso empezó desde que entré a la página a buscar alguien con quien regresar a Bielefeld a última hora... Quién sabe. El punto es que finalmente empezamos a hablar y, lógico, los temas fueron bastante estándar para los alemanes que recién me conocen a mí, una peruana que estudia en una ciudad presuntamente imaginaria desde hace poco menos de un año. Choque de culturas.
Las anécdotas contadas fueron variadas, empezando por la supuesta frialdad alemana, pasando por los clichés y terminando con la cortesía a veces fingida de los chinos que la piloto había conocido en sus días de universitaria. Hasta que llegamos a un punto que captó mi atención especialmente: "Y, ¿tú sabes bailar salsa, como todos los latinos?"
El hecho de que eso de "todos los latinos saben bailar (complete aquí, si desea)" sea una mentira, uno de esos clichés absurdos, no se me cruzó por la mente en ese momento. No porque considere que no sea una mentira, sino porque sentí que la pregunta apuntaba a otro lado y, tal vez, porque además consideraba -subconscientemente- que yo era la prueba viviente de que sí es tan sólo un cliché absurdo: respondí "no, para ser honesta, tuve que tomar clases para poder bailar aquí." Y con esa idea empezó un flujo de unas otras que le expresé a mi interlocutora y que voy a detallar a continuación:
Después de haber estado aquí un par de meses, me provocó volver a escuchar la música a la que estoy acostumbrada y me alegró mucho saber que de vez en cuando se llevaban a cabo fiestas de salsa o fiestas latinas en las que yo podría encontrar ese ambiente tonero que extrañaba. Mi sorpresa fue grande la primera vez que me metí a una de esas fiestas: la salsa se bailaba casi a nivel profesional, dándose vueltas por todos lados, haciendo figuras increíbles, gigantes, movimientos de brazos y piernas que te dejaban alucinado... No, yo no podía seguirle el paso a esa música, qeu por cierto me resultaba un poco extraña. Era salsa, sí, pero era una salsa medio underground o medio antigua o tal vez demasiado típica... en todo caso no eran canciones que "me sonaran".
No le presté mayor atención a la música y decidí que para poder participar de esas fiestas de salsa me hacía falta aprender un par de cosas. Me metí a clases de salsa y empecé a hacerme un poco más ducha en la técnica del baile en cuestión. Empezamos por los básicos y luego empezaron a enseñarnos las figuras que vi esas veces en las fiestas de salsa. De manera que pude volver a ir sin miedo de no poder seguirle el paso a quien me sacara a bailar. Pero no me sacaron a bailar chicos: me sacaban a bailar conocidos, amigos... Bailar era entretenido pero la fiesta en general me resultaba un poco "fome".
Y es que aquí viene el gran descubrimiento que hice hoy: la salsa, el merengue, el tango, en general los bailes latinos, aquí, no tienen la misma función social que en latinoamérica. Quien baila eso aquí, baila para bailar y sanseacabó. En latinoamérica, se baila eso para coquetear, para flirtear. Por eso el baile de Hernán me resultó tan conocido y familiar pero emocionante a la vez. Claro, por supuesto: él estaba bailando conmigo pegadito, sintiendo mi cuerpo, guiándome, con esa actitud de "tú haces lo qeu yo digo, al ritmo que yo te digo. Y te va a gustar." Y vaya que me gustó... Venir de bailar a Carlos Vives, empiladísima y que el hombre que te saque a bailar una salsa te diga "no, espera, despacito...", qeu te agarre de la mano y de la cintura suavemente, te pegue al cuerpo y se mueva con ritmo pero con calma, sin alocarse, manteniéndose cerca a ti y que mientras baila te hable al oído, te coga la mano, entrelace sus dedos con los tuyos...
Me mató totalmente.
Y claro, eso no voy a encontrar aquí. Aquí nadie baila salsa para ligarse a una chica. Bailan... por gusto. Cuando entendí eso, recordé a mi profesora de salsa diciéndome "en latinoamérica no se baila con tanta vuelta, pero acá les tienes que enseñar las figuras porque si no se aburren, ellos no entienden mucho la onda del baile, andan en otra" y mi cerebro hizo un clic que se manifestó como un gran "¡¡¡aaaaaaaaaaaaaaah!!!" y luego pensé "pucha, qué aburrido..." ¿Para qué la sensualidad del baile entonces? Me parece un desperdicio lamentable. Y, encima, al comentar esto con una amiga que lleva varios años en este lugar, me dice que los alemanes que bailan salsa no son gente que valga la pena...
Caballero. A seguir buscando fiestas privadas y más Hernanes con los que bailar rico.
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