martes, 28 de diciembre de 2010

como en el juego de las pelotas...

Veía las publicaciones de Raquel el otro día. Decía que tenía un mensaje que transmitir. Hace poco también encontré a Zepia nuevamente. Me pregunto si se acordará de mí. Ella también dice muchas cosas de manera muy pública, muy abierta. Como si quisiera salir a predicar a las calles.

Soltaré primero mis prejuicios al respecto: yo pienso que es más importante cultivarse uno mismo que andar por ahí diciendo lo que uno piensa, lanzándole ideas al viento arriesgándose a que nadie las escuche o a que nadie las entienda, y sin siquiera estar seguro de que lo que uno dice es correcto o beneficioso para el que reciba el mensaje. Si en algún momento un amigo, un pariente, alguien cercano, alguien que nos importa, requiere de nosotros, entonces ayudaremos y será natural. Ayudar naturalmente y no porque me crea más sabio. Lo principal es recibir, como en el juego de las pelotas...

Pero la clave está en esto: las intenciones no se ven. Si alguien sale a predicar a la calle, jamás sabré si se trata de un acto de soberbia o de auténtico deseo de ayudar. No hay forma de saber si la persona actúa genuina, honesta, noblemente. ¿Zepia quiere ser vista y reconocida? No lo sé, es demasiado high profile. De Raquel no lo pensaría. Pero, then again, a Raquel la conozco un poco más que a Zepia y la imagen que tengo de Zepia es la del típico artista perdido en las formas que cree que filosofa cuando sólo juega con las palabras procurando que suenen bonito. Pero, ¿es posible ponerles significado profundo a las palabras a través de un juego de azar? ¿Es posible que un grupo de monos, por mero accidente, creen una obra maestra con una máquina de escribir y un poco de papel? Ok, entonces creo que a lo mejor Zepia sí tiene algo que decir, no lo niego.

Y por otro lado, esa necesidad de ser visto, reconocido... ¿no la tenemos acaso todos? ¿Será eso aprendido de la sociedad o será natural en el hombre? ¿Es el hombre un animal social por naturaleza? Bueno, eso sí. Pero hasta ahí llega mi raciocinio. Lamentablemente...

Y volviendo al tema de la ayuda natural. ¿Quién dice qué es natural? Lo del ejemplo del pariente/amigo/ser querido en situación de necesidad era un mero ejemplo, pero hay otras formas de ayudar. Enviando mensajes a través de una obra ficcional, por poner un ejemplo. Escribiendo a través del facebook, por poner otro. Nadie tiene derecho a quitarles el derecho a hablar si tienen algo que decir.

¿Y yo? A lo mejor juzgué todo esto porque lo veía desde mi propia y sólo desde mi propia perspectiva. Qué vergüenza... Tener una perspectiva tan angosta, quiero decir. Pero bueno, que me sirva para conocerme. Lo vi así, como impropio o como poco natural porque a mí personalmente no me resulta natural. Yo no salgo a decir lo que pienso. En parte porque no estoy muy segura de mis ideas, en parte porque no quiero embarcarme en conversaciones tediosas y poco estimulantes que no me lleven a nada. Tampoco necesito reconocimiento por lo que pienso, ni por lo que descubro. (Es más, me sentiría mal si lo tuviera, lo cual es igualmente malo que anhelarlo, pero eso es otra historia.)

Pero... y si yo saliera a decir lo que pienso... ¿por qué sería? A lo mejor para discutir, para dialogar, para llegar a nuevas conclusiones y aprender. Y es que yo... yo no me siento en posición de maestra, no me siento en capacidad de enseñar nada. Siento que si voy a hablar, que sea al menos para aprender algo también de lo que yo misma digo. No me siento con la capacidad o autoridad o potestad o como le quieran llamar, de salir y predicar las verdades del mundo porque no las sé. Prefiero quedarme callada y escuchar, ir aprendiendo. Al menos hasta que me sienta segura, hasta que el brotecito se haya abierto paso en la tierra y salga a la luz del sol. Hasta que esté lista pues. Seguramente entonces, igual que Zepia o que Raquel, me sentiré no sólo lista sino obligada (¿o necesitada?) a salir a decir lo que pienso. Y será natural, no posero. Ja, tal vez por eso soy calladita...

Hasta entonces, me cultivo. Lo importante es recibir.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Team Jacob

Después de mucho tiempo de rehusarme a ello, después de todas las súplicas y ruegos de Karin, después de que produjeran tres películas de la saga, por fin me atreví a ver new moon y eclipse. Lo cual, advierto y con mucha claridad, no significa bajo circunstancia alguna que tengo la más mínima pretensión de leer alguno de esos libros. La verdad es que todo el asunto me parece un tanto indigno o, mejor dicho... A ver, digamos que desde que se desató la fiebre por los vampiros brillosos que enfermó a esa horda de mujeres salvajes ansiosas de encontrar a un edward cullen en sus vidas, me he sentido un poco rehacia a verle algo bueno a la seriecita ésta. Y eso, por decirlo de manera amable y por no mencionar mis constantes críticas destructivas cargadas de genuino desprecio por la autora y por su ganancias cochinamente obtenidas a través de la manipulación emocional de sus lectores...

Y bueno, puede ser un prejuicio, uno muy grande, uno inmenso, descomunal. Pero qué puedo decir, tengo serios problemas con las relaciones obsesivo-posesivo-compulsivas y con los complejos de egocentrismo. Esas cosas me asquean hasta las arcadas, tanto en la vida real como en la ficción. Y son dos cosas que he encontrado precisamente en esa saga.

Bella, la Jane Doe, la desconocida que no se sabe ni de dónde salió pero que se siente extraña y anormal (léase: diseñada para que el 99% de las púberes se identifiquen con ella) de pronto descubre que es el gran amor del chico más popular de la escuela porque su sangre es oooooh, SO good *¬* Y desde ahí los dos generan un lazo que les impide vivir el uno sin el otro. Uno es la razón de vivir del otro y cada uno se desvive por proteger la vida del otro (aquí entra en juego el pequeño detalle de lo que significa estar vivo porque, claro, edward técnicamente está muerto). Y así, una onda a lo Romeo y Julieta, que si uno se mata el otro también. Sólo que... mucho menos poético, mucho más enfermizo y producido de un modo mucho más conchudamente obvio (hablo de la musiquita y los ángulos de cámara más clichés que un estereotipo nacional, no sé).

Y luego aparece el rival. Porque como si no hubiera suficiente melodrama en sus vidas, a edward se le ocurre irse para ver si así a bella le va mejor. Y viene jacob. Y seguro la mayoría ya conoce el cuento así que no gastaré energías contándolo. PERO sí diré que la chica esta, la protagonista, hace todo lo posible por mantener cerca a los dos, por no perder a ninguno. ¡¡Egocentrismo puro!! Y egoísmo también. ¿O sea que quiere a los dos la payasa? Y los dos, que la quieren tanto y ponen en marcha a sus familias completas para protegerla de un vampiro asesino, jamás piensan mal de ella ni mucho menos la mandan al diablo. ¡¡No!! Al contrario, edward incluso va más allá de la idiotez humana - aunque bueno, nuevamente, técnicamente él lo tiene permitido porque él ya está casi en el más allá, ja - piensa que ella está procurando tener a todos contentos. Dios...

Pero en fin, me dio risa darme cuenta de que al final mis simpatías iban para el lado de jacob. A lo mejor tiene que ver con el hecho de que el rostro del actor me resulte mucho más atractivo que el del vampiro ese, todo pálido y frío. Pero también me gusta el personaje y la leyenda detrás de él. De hecho debe ser bonito ver a los vampiros, normalmente repudiados, con nuevos ojos. Pero esos hombres lobo tienen como un alma colectiva. Incluso en su forma humana, se mueven como una sola cosa, y eso me parece genial. Además se leen las mentes entre ellos y pueden sentir las emociones de los demás. No los pensamientos, como edward, sino las emociones. Es un asunto mucho más intuitivo/instintivo, y así también es su manera de entender a los demás. Como jacob, que sabía que bella también estaba enamorada de él...

Aunque en fin, supongo que él también debe ser medio imbécil para ir detrás de una tipa que cree que se ha encontrado a sí misma por sentirse dizque fuerte cada vez que tiene que ser rescatada por sus inlaws cuando se mete tontamente en situaciones peligrosas. Y bueh, por eso quiere ser vampira y no tener que preocuparse por morirse en cualquier momento, pero igual, eso de ser una mujer brillosa y de ojos dorados a cambio de no ver a su familia y amigos nunca más en toda la eternidad también es una decisión medio... o bueno, digamos nada más que no la comparto.

Raquel dice que edward hace mucho más por bella que jacob. Pero incluso si no comérsela ya es bastante, yo en el lugar de ella elegiría al chico de pelo oscuro y piel bronceada, descendiente de la familia de nativos americanos guerreros, de cuerpo cálido con los instintos a flor de piel. Qué será, yo creo que realmente nunca soñé con ser princesa.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Cena navideña en casa de Jonas

Sí, me invitaron. Fue genial porque su depa es recontra internacional. Hay una española, un francés, una estadounidense, un chino y Jonas, que es finlandés. Me da risa que recién ahora, bajo estas circunstancias, haya conocido a mis vecinos. Todos son buenísima onda.

Se me hizo un toque extraño que yo fuera una de los tres invitados, los otros dos eran el enamorado de la española y una chica que parece que está saliendo con el francés. Y yo, la invitada de Jonas. Rari, pero en fin, no te hagas ideas...

Una de las anécdotas graciosas de la noche fue cuando nos presentaron al chinito (Jen, pero que se pronuncia cantado, primero subiendo el tono y luego bajándolo) y a mí. Le dije que me llamaba Kiara y me preguntó "¿no hay una forma corta para decir tu nombre?" A todos les dio risa porque mi nombre ya es corto. Así que él trató de pronunciarlo, pero decía "Kiada" o "Kieda" o "Kieta" en lugar de "Kiara". Teníamos que guiarlo sílaba por sílaba (lo cual se veía un poco ridículo, jaja) y cuando por fin pudo decir "Kiara", yo me alegré mucho. Él también, y me dijo que iría a su cuarto a apuntarlo para no olvidarse. Todavía desde adentro podía escucharlo diciendo nuevamente en voz baja: "Kieta" jaja

Luego hablábamos de cómo en muchos idiomas, cuando no se entiende algo, decimos que "está en chino" o que "están hablando en chino". Le preguntamos a Jen lo que decían en china cuando no entendían algo y dijo que ellos decían que "parece de marte". Ja, o sea que parece que es cierto que no hay cosa más complicada que el chino, ni siquiera para los chinos, y si la hay, es porque ya es de otro planeta. Eso también fue gracioso.

La última nota graciosa fue el hecho de que todos estuvieran tratando de aprender a decir cosas muy random en el idioma de todos los demás. La americana trataba de hablar en español, pero decía cosas muy aleatorias como "eh... me... GUSTA. Tu... ¡cara!" y siempre mirando al vacío, lo cual era lo más chistoso del asunto. Todos saben decir "cállate", "no jodas" y una que otra lisura en inglés, español, finlandés y francés. Chino creo que no, parece que nadie se ha atrevido a iniciarse en los misterios de ese raro idioma, lol.

En fin, fue todo lindo y genial y me gustó que me invitaran. Se les siente un grupo bien paja, se tienen harta confianza entre ellos y todos están un poco locos, ja. Y chévere pues, ahora conozco a mis vecinos. Ja.

domingo, 19 de diciembre de 2010

terminé mi cuento

¡Qué emoción! ¡Qué emoción! ¡Por la refrutamadrequeloparió, qué emocióooooooooooon!

Terminé mi primer cuento y me gusta bastante. Es cortísimo, pero me gusta. Ahora tengo que dejarlo reposar, pedir segundas, terceras, cuartas, quintas, enésimas opiniones y entonces veré, veré, veréeeeeeeeeeeeeee

ajpsfiajofijaoijdppfjirgiogaforfoojfojfaoffadsfà9u0fgau+'w0fis+d`pokapifjhai'çs

sábado, 18 de diciembre de 2010

carajo, escríbelo antes de que se te olvide

Volví a salir con Jonas al Studio. Lisa también iba a ir pero al final se desanimó por la nieve. Pero sí, claro... Lo que en verdad quería era dejarnos solos a Jonas y a mí.

Todo empezó muy bien. Me ayudó bastante que Sofía me dijera que él no estaba interesado en mí más que como amigo, eso me hizo sentir más confianza para loquear con él sin esperar nada. Ya sé que es algo que debería haber podido hacer sin que Sofía me dijera nada pero qué puedo decir... Me pongo nerviosa cuando sé que le intereso a un pata...

Nos pusimos a conversar de lo lindo. Entendí que él se sentía más cómodo en inglés que en alemán. Conversábamos en inglés. Ay, Jonas... Tan educado y atento, él. En un momento, sin darme cuenta, un chico raro empezó a bailar detrás de mí. Es la clásica: empiezan bailando detrás de ti y luego te agarran de la cintura como si todo el tiempo les hubieras permitido estar ahí, cuando la verdad es que una recién se entera una de la presencia del individuo cuando éste se atreve a rozar su asunto con nuestra espalda. Y bueno, Jonas lo vio detrás mío y a lo mejor sus intenciones se olían a un kilómetro a la redonda. Jonas me cogió de la mano y me cambió de lugar. Así el susodicho no pudo acercárseme.

En el Studio nos encontramos con tres amigas de Jonas. Él vive con un chico (por fin supe que ese negrito con el que siempre me cruzo era nada menos que francés) y ese chico es amigo de una de ellas, la más loca por cierto, que es parisina.

Y todo chévere. Hasta que nos sentamos a tomar juguito de KirschBanane porque yo me moría de sed después de tanto baile y veo pasar la figura inconfundible... el polo negro con las letras de I MY (dibujito de un skate); la polera gris abierta y, sobre todo, el inconfundible sombrero fedora color crema. Lo vi pasar caminando con pasos largos (porque sus piernas son largas también) y entrar a la sala donde ponían música electrónica. No podía quedarme sin quitarme de encima la duda: ¿sería él? Mi reacción fue casi inmediata, "espérame Jonas, ya regreso" y me dirigí a la sala de electrónica. A medio camino me encontré en un dilema: puede que haya ido al baño, que está en esa misma dirección. "Pero los hombres no van acompañados al baño y él iba con un amigo que lo seguía; además, si es que no lo encuentro en la sala, aún podré darle el alcance a la salida del baño, seguro que de estar ahí, se demorará todavía un rato. Por último, chances de que se haya metido a bailar son más altos." Y con esa idea, me metí a la sala.

Estaba llenísima de gente y yo tenía que abrirme paso entre la multitud. Caminaba como buscando a alguien. Y entonces vi el gorro, vi la polera, vi el polo, vi la cara... y era él. La sorpresa semi fingida: "¡¡Hola!! ¡¡Pero qué sorpresa!!" "Sí, ¡qué sorpresa!" "¿Qué tal?" "Bien, bien, ¿y tú?" "Bien también" "No habrás venido sola, ¿o sí?" "No, no, vine con unos amigos" "Ah, ¿con el Jannick?" "No, no, con otros..." "Ah, ok" "Bueno, ahí están (por suerte encontré a las amigas de Jonas poco después), me voy con ellas, ya nos vemos" "Sí, nos vemos" "Byee" "Chauuu"

Pero yo ya sabía que él estaba ahí. Y él ya sabía que yo también estaba.

Volví a buscar a Jonas y juntos entramos a la sala de electrónica. Pero Jonas se quedó casi en la entrada, bailando con la amiga francesa y yo entré hacia el fondo, con la rubia. Y ahí al fondo estaba también Marc. Y al fondo estaba también ese sujeto raro que quiso bailar detrás de mí un rato antes. Por cuestiones que no me explico, la rubia y yo terminamos bailando al lado de Marc. Y justo en ese momento se acerca el chico este, ese flaco de piel canela, ojos grandes y hundidos y mentón en punta. Y la rubia, que seguro también podía oler las intenciones de ese chico a kilómetros de distancia, me abandona y me deja en sus garras, como quien dice. Y todo eso prácticamente frente a Marc, a vista y paciencia suya.

Bueno, me fui con el chico anguloso. Bailaba como suelen bailar los chicos cuando quieren algo. Yo ya sabía. Y no quería besarlo. No me gustaba. Pero el jueguito de no te dejo y sí te obligo empezó a seducirme. Me esforzaba por mirar hacia otro lado y él cogía mi cara con ambas manos y la dirigía hacia él, aún sin intenciones de besarme, pero obligándome a mirarlo a los ojos. Y se me acercaba y me abrazaba de manera que no podía escapar. Todo de manera que cuando nuestros labios se juntaron por primera vez, sentí un alivio de tensión muy grande y agradable. Pero no duraría mucho... su rostro anguloso lo delataba; igual que Naji, el iraní malpensado, besaba horrendo. Bueno, no tan horrendo, pero mal. Y me asqueó. Y me esmeré en besarlo lo menos posible hasta que tuviera oportunidad de safarme.

Luego pasó lo incómodo (claro, como si el hecho de que Marc me viera irme con otro bien apachurrada no fuera lo suficientemente incómodo). Marc empezó a bailar conmigo como lo hizo ese día en casa de Felipe. Yo sabía lo que buscaba. Y la verdad no me molestaba (porque huele tan rico...) Salvo, claro, por el hecho de que Jonas estaba ahí, ganándose con todo el asunto. No sé qué tan incómodo se sentiría; Sofía me dijo que no había dado señales de que yo le interesara como algo más que amigos. Pero igual me sentía raro acercándome tanto a Marc (y dejando que él se me acercara tanto) frente a Jonas.

A eso, súmenle que la amiga rubia de Jonas parecía especialmente interesada en Marc. Cada vez que él se me acercaba bastante, ella lo distraía quitándole el sombrero fedora color crema, sin el cual él parece no poder vivir. Y él se desvivía entonces tratando de recuperar el sombrero. Así que entre ella distrayéndolo, Jonas mirándolo, yo palteándome y aprovechando la música movida para despegarme de Marc, no llegamos a darnos ni un solo beso.

Al final, quedé con la parisina de irnos juntas para tomar el bus de las 4am. Eso significaba que a las cuatro menos cuarto tendríamos que salir y sólo quedaban unos diez o quince minutos, a lo más. Le dije a Jonas. "Yo me quedo." Ok, él se quedaba. ¿Qué hacer? ¿Me voy con ellas o me quedo con Jonas? Pero quedarme con Jonas era quedarme con Jonas y con Marc. ¿Y qué pasaría con Marc si nos quedábamos más tiempo juntos y más solos? ¿Y estaba dispuesta yo a dejar que Jonas se ganara con la situa? No, la decisión más práctica era irme. Y eso hice. Decidí tomar el bus de las 4am y salir con la parisina y sus dos amigas.

Al hablar con ella y con Jonas sobre la salida, había perdido de vista a Marc. La siguiente pregunta era: ¿quiero encontrarlo nuevamente en estos diez minutos que me quedan? Casi instintivamente me respondí que al menos procuraría hacer contacto visual. Y sí, sólo eso bastó, un par de minutos después, estaba él a mi lado, bailando de nuevo como antes. En un momento que estábamos frente a frente, abrí los ojos para ver a Jonas detrás de nosotros. Me hizo un gesto indicándome que me fijara en la hora. Ya habían pasado mis diez minutos de recreo. Era hora de irme.

Y me fui. Me despedí de Marc. Esperaba que me besara como en la fiesta de Felipe. Pero no, sólo se despidió con un abrazo y me dijo "komm gut nach hause". Me despedí de Jonas. Me dijo lo mismo y yo le dije lo mismo a él. Con eso, nos fuimos. Llegamos a la parada, donde me encontré con esa chica qeu estudia tango conmigo y cuyo nombre siempre olvido. Subimos al bus y, llegando al Bültmannshof, me encontré con esa otra chica arequipeña. Y bajamos y nos fuimos cada quien para su casa.

Y llegué pensando: THE FUCK JUST HAPPENED?!?!?! Y lo siguiente que pensé fue lo que puse en el título de esta entrada. Y lo siguiente que hice fue escribir lo qeu acabas de leer. Y lo siguiente que haré ahora será dormir.

¡Hasta mañana! Komm gut nach Hause!

viernes, 17 de diciembre de 2010

me va a extrañar

¿Cómo estará Luis (mi ex)? Hace tiempo que no sé nada de él, desde que me borró definitivamente del messenger no le he querido volver a hablar, prefiero que él decida cuándo esté listo para contactarnos de nuevo. Elsita dice que todavía no lo supera, que sigue enamorado. Qué pena...

Hoy recordé esa vez que lo acompañé a ver a su amiga en esa presentación en Barranco. Fuimos con su mamá y con sus hermanos, vaya, con su familia, de la que yo ya casi me sentía parte. Su amiga cantaba. Cantaba bonito, tenía una voz profunda e intensa. Empezó cantando canciones conocidas, melodías que todos sabían.

En ese tiempo Luis trataba de sobrellevar el asunto de mi viaje. Sabía que yo me iría y que el futuro de nuestra relación era incierto. También sabía (o creía saber) que se había enamorado de mí como no se había enamorado nunca antes de nadie, que yo "era algo muy bueno" en su vida, que la separación le costaría mucho...

Luego de un par de canciones, sin avisar el título, su amiga empezó a cantar con su voz intensa esto:


(Si sigues leyendo sin terminar de escuchar la canción, mereces morir de una manera lenta y dolorosa.)

Ja, recuerdo que yo ya había oído esa canción muchas veces, es antiguaza, pero nunca le presté atención a la letra. En ese momento, en esa situación, con esa compañía, la sentí como un golpe al pecho y me tensó todos los músculos por lo que yo sentí que fueron horas. Obviamente no pudieron haber sido más 4 minutos con 20, pero se hicieron eternos, al menos hasta que Luis me cogió la mano y entrelazó sus dedos con los míos. No me dijo nada al respecto, cuando terminó la canción me miró con cariño y me preguntó si quería algo de tomar. Eso me tranquilizó un poco. Luego, ya nunca hablamos acerca de este momento, creo que hubiera sido demasiado doloroso.

Y bueno, hoy alguien publicó la canción en el facebook y me recordó ese momento en que pensábamos en las posibilidades que traía consigo el futuro y me hizo gracia pensar que ese futuro ahora era mi presente, que lo que en ese momento parecía una predicción es ahora una realidad y que a lo mejor ahora Luis me esté extrañando cuando prepare pizza en su casa o cuando salga a pasear al parque que queda a la vuelta de su trabajo o cuando pase por ese hotel decadente de la avenida arequipa a donde íbamos siempre...

(Por cierto, qué divertidos son los recuerdos que se guardan con cariño...)

Pero no sé si me extraña porque no hablo con él. No lo sé y creo que no lo sabré en bastante tiempo. Qué pena. Yo lo extraño un poco, era un buen chico. Y casi un buen enamorado...

jueves, 16 de diciembre de 2010

Sentido del humor: exagerando

Me di cuenta de una pequeña diferencia entre el humor al que estoy acostumbrada y el humor alemán. Sobre todo en materia de exageraciones.

Estábamos en la azotea de Felipe, donde hacía frío, bastante frío. Un frío asesino, la verdad. Entonces alguien dijo que se estaba cómodo ahí y una chica respondió "sí, además que no hace tanto frío, seguro no hay más de quince grados de diferencia entre este lugar y abajo en la casa..." a lo que yo repondí "¿'no hay más'?", burlándome de que considerara esos quince grados como poca cosa. Ella dijo "eh... ¿no has oído hablar de la ironía?" Y yo dije (y pensé) "ooooh..."

Otro día alguien, con la misma intención de exagerar para hacer un chiste, dijo que una persona "hablaba como diez idiomas..." De nuevo, no capté el chiste a la primera porque consideré que era un número manejable de idiomas humanamente posibles de aprender. Pero no, de nuevo exageraban. Lo entendí por las risas que le siguieron a ese statement.

Y podría seguir con más ejemplos. El punto es que en estas dos situaciones concretas, yo hubiera dicho más bien "seguro que no hay más de cincuenta grados de diferencia" y "habla aproximadamente dos millones de idiomas" respectivamente, para que se entienda claramente que se trata de un chiste.
Eso me hizo pensar... Recordé un poco a García Márquez y al realismo mágico y me pregunté: ¿qué tal si los estándares de exageración europeos son más bajos que los latinoamericanos debido a las diferencias en nuestras respectivas capacidades para asimilar situaciones exageradas? Me explico: al estar confrontados con una realidad mucho más... RARA (como diría Mox jaja) podemos imaginarnos escenarios exagerados, extremos, locos, sin asombrarnos demasiado por ellos. Un alemán, nacido y criado en su sociedad cuasi perfectita, considera la mínima ruptura del orden como una extravagancia digna de ser señalada. O como un chiste. Je.

Ja, pido disculpas si es que eso sonó algo despectivo hacia los europeos, pero bueh, qué puedo decir, me gusta jugar con clichés y me gusta ser latinoamericana (autoreferencias ftw). Pero ojo, no soy racista; en mi defensa, diré que tengo amigos de diversas nacionalidades y no me hago bolas en conocer gente nueva sea blanca, china, chola, negra, marciana o lo que sea.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

invitado sorpresa

Tenemos a un invitado viviendo en casa. Ayer preparó panqueques, yo llegué y sentí el olor. Como Nicole es la que siempre cocina, asumí que era ella, pero hoy estábamos hablando y ella nos preguntó a Juliane y a mí si nosotras habíamos cocinado panqueques ayer. Le dije que yo sentí el olor pero que pensé que ella había cocinado. Les preguntó a las otras dos compañeras de piso y ellas también dijeron que no habían cocinado nada ayer por la noche...

Luego nos preguntó quién había dejado pan en la tostadora. Nuevamente yo pensé que había sido ella porque fue la última en usar la cocina y la vi comiendo tostadas. Pero no, ni ella, ni Juliane, ni yo, ni ninguna de las otras dos.

Ja, así que es posible que tengamos viviendo con nosotras a un fantasma que aparentemente siente la necesidad de preparar comida. Qué gracioso.

martes, 14 de diciembre de 2010

foto

Cierto, en clase hablábamos sobre lo que significaba traducir y...

Una fotografía intenta ser un retrato de la realidad. Pero la verdad es que la fotografía no retrata la realidad, sino todo lo contrario, la altera. La vuelve bidimensional, la saca de contexto, sin mencionar que altera el tamaño, los colores, el contraste, el brillo...

Y, sin embargo, igual consideramos a la fotografía (o a una fotografía) como una obra de arte completa en sí misma, homogénea, con unidad, y portadora de un mensaje.

A lo mejor son los poemas algo así como una fotografía del poeta. Quién sabe.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Breve recuento de las personas más importantes de mi vida en este momento

Algo que he estado queriendo hacer desde hace tiempo.

Sofía: a pesar de que últimamente es una de las personas con las que menos hablo, e incluso si no habláramos en absoluto, seguiría siendo la persona más importante de mi vida. Es la que en varias ocasiones me ha hecho entrar en razón, hasta cierto punto es un modelo para mí y es la persona más valiosa que conozco. Tenemos diferencias en la forma de pensar, pero no importa porque yo la aprecio por ese impulso inherente de ella de ser siempre ella misma.

Raquel: la he llegado a conocer recién estando aquí. A veces me da la impresión de que le parezco telísima; otras, que le parezco lo máximo. A veces pienso que me gusta y a veces sólo que la quiero mucho. Muchísimo. Casi demasiado.

Juan: cuya identidad también está protegida, je. Todo un caballero, eso me gusta de él. Rara vez sabe lo que quiere cuando se trata de relacionarse con mujeres y de esclarecer sus emociones, eso no me gusta de él. A veces, muy raras veces, pero a veces al fin y al cabo, me da la impresión de que le gusto un poco. Hay muchas mujeres en su vida.

Luis: y bueh, yo ya sé por qué él es importante ahora. Ocupa mi mente y ya. No por razones especialmente virtuosas, pero lo hace.

Felipe: "boyfriend material", como le dijo Juan. Estuvo en Perú, conoce la cultura, no hay barreras idiomáticas entre él y yo, es bonito, atractivo, baila salsa. Eso me gusta de él. Pero es indeciso, a veces es poco pilas, en ocasiones se deja llevar por la corriente. Eso no me gusta de él. Es muy muy muy coqueto. No sé si eso me gusta o me disgusta...

Layla: una nueva amiga que hice aquí. Es lindísima. No la conozco mucho, parece ser un poco malhumorada, pero conmigo siempre es buena y graciosa. Es gordita y tiene una cara de tierna irresistible.

Ah sí, y mi hermana, que siempre la tengo presente :)

domingo, 12 de diciembre de 2010

Si la vida te da limones...

Fui a una fiesta en la casa de Felipe. Viajé ilegalmente en el tren porque alguien se ha llevado mi mochila y ahí adentro estaba mi ticket de estudiante, mi ID, todo. Pero no importa porque en los trenes que llevan a y salen de la uni nadie revisa nada nunca. Llegamos sin problema a la casa. A lo mejor el brindis ya había pasado, porque nunca brindamos.

Después del sueño con Felipe y de los comentarios de Raquel al respecto, yo estaba confundida. Estoy. No sé si me gusta Felipe, creo que no, pero el hecho de que dude me hace dudar, ja, no podría ser más tonta. Con todo eso, fui a la fiesta pensando en que a lo mejor pasaría algo con Philipp que me hiciera notir si él me gustaba o no. Pero ese suele ser un error mío, me pongo a la expectativa, más atenta de lo usual y considerando cada pequeña acción en lugar de relajarme y recibir los impactos de la manera más natural posible. Por eso a lo mejor le di demasiada importancia al hecho de que Felipe me regalara el chupete que él había tenido en la boca antes - y que lo pusiera deliberadamente en mi boca... A mí no me gusta perseguir a la gente y Felipe no es de quedarse con una sola persona. Se iba por ahí y yo también. De vez en cuando nos encontrábamos y nos hacíamos gestos de cariño, llamarnos confianzudamente, jalarnos de las manos, pero nada que me indicara que éramos más que amigos.

Estuve con Lisa, con Katharina. Y en la azotea, donde se fumaba, conocí a Marc, este chico gracioso y guapo que se entusiasmaba con que todos habláramos español en ese lugar. Me preguntaba cosas a las que ya estoy acostumbrada a responder; ¿cómo llegaste a alemania? ¿Y a Bielefeld? ¿Por qué alemán? ¿En Perú piensan que todos somos nazis? Cositas que siempre es interesante responder y compartir.

Conversamos largo. Luego nos fuimos a bailar. Bailamos. Vaya, si bailamos. Ja, me esforcé en hacer que mi instinto acuático le siguiera el ritmo, ajustarme a su forma, a su baile. Sentía cómo se me iba acercando, bailaba detrás de mí y ponía su cabeza sobre mi hombro. Cada vez me apretaba más y más fuerte, sin dejarme escapar, sentía su respiración en la oreja, sus labios acercándose a mi piel, sus intenciones de besarme... Cedí. Lo dejé acercarse lo suficiente y lo besé. Su beso fue suave, lento, teaser. Riquísimo. Sus labios se abrían apenas acariciando los míos, apenas unos pocos milímetros de su lengua rozaban mis labios. Nunca un movimiento brusco, nunca una movida sin mi permiso.

¿Y yo? No sentí nada. Bien podría haber dado igual que él estuviera ahí o no. Mientras bailábamos, yo miraba a mi alrededor con el rostro inexpresivo. Si mi mirada se chocaba con la de alguien más, a veces hasta saludaba y sonreía. Mientras Mario estaba detrás mío, ojos cerrados, músculos tensados. "Falta pasión", eso me dijo Sofía. Ojalá sea la química con este chico nada más y no algo permanente en mí.

Raquel me dijo una teoría loca: que cuando uno está solo, las parejas/pretendientes/gente vienen en rachas de a tres, y según esa teoría loca, mis tres hombres serían Felipe, Mario y Jonas. Joonas el que me invita a salir, Felipe el chico con el que sueño y que me gusta en serio, Mario el chico al que beso. Ja, pero no concordé con su teoría del todo; excluía al nuevo Luis y a Shahin en primer lugar, pero ella dice que ellos no cuentan porque Luis está a millones de kilómetros de distancia y a Shahin hasta ahora no le hablo. A ella también la hubiera incluido, con lo cual ya hubiera estado completa la siguiente racha de tres - por supuesto que eso no se lo dije a ella. Pero como ella también está en Lima, pues no cuenta tampoco. Además, ella no sabe que yo no sé si ella me gusta o no.

Luego, hablando con Sofía, me dijo que le daba la impresión de que aquí todo el mundo tenía muchas relaciones informales. Le dije que sí, que también era esa mi impresión y me preguntó si la gente lo hacía sabiamente. Ja, "sabiamente". Pues no. Las oportunidades aquí son unas y allá son otras, eso me dijo Sofía, el sacarle el jugo a las situaciones ya depende de cada uno. Así que ya decidí el título de este post

miércoles, 8 de diciembre de 2010

nieve

Cayó nieve. Empezó a bajar la temperatura. Estábamos a cero grados. A esa temperatura el agua se convierte en hielo y la lluvia, pues en nieve.

Nevó y las calles se cubrieron de blanco, parecía que una gran alfombra blanca suavecita abrigaba todo el suelo. Era lindo sobre todo en la madrugada, antes de que pasaran los carros especiales a mover la nieve de las pistas para que los carros no se resbalen. Antes de eso, todo era blanco, blanco y sin huellas que corrompan la superficia lisita de la nieve. Lindo. Y por ratos podía ver desde mi ventana la nieve que caía.

Luego la temperatura bajó. Como queriendo conservar esa alfombrita, bajó a menos diez grados. Un congelador gigante en el que la nieve se conservara. Hacer muñecos de nieve, dejar huellitas divertidas en el camino.

Y hace unos días volvió a subir. Un grado sobre cero. La temperatura precisa en la que la nieve empieza a convertirse en agua de nuevo. El resultado: Schneematsch. Una nieve a medio derretir, charcos de agua con pedazos de hielo triturado, todo eso mezclado de pronto con la suciedad del piso, una especie de lodo resbaladizo por doquier. Un asco. Sólo donde se acumuló la nieve de las calles, quedan vestigios del blanco que cubría la ciudad. En los bordes de las calles y en las esquinas. El resto, lodo.

Hoy volvió a bajar la temperatura. Menos dos grados. Los hombrecitos de nieve pueden sentirse a salvo de nuevo, no se derretirán. Pero la nieve medio derretida quedó dura y áspera y los charcos de agua ahora son hielo resbaloso. Limpio, pero resbaloso.

Toda una ciencia esto de la nieve.