sábado, 18 de diciembre de 2010

carajo, escríbelo antes de que se te olvide

Volví a salir con Jonas al Studio. Lisa también iba a ir pero al final se desanimó por la nieve. Pero sí, claro... Lo que en verdad quería era dejarnos solos a Jonas y a mí.

Todo empezó muy bien. Me ayudó bastante que Sofía me dijera que él no estaba interesado en mí más que como amigo, eso me hizo sentir más confianza para loquear con él sin esperar nada. Ya sé que es algo que debería haber podido hacer sin que Sofía me dijera nada pero qué puedo decir... Me pongo nerviosa cuando sé que le intereso a un pata...

Nos pusimos a conversar de lo lindo. Entendí que él se sentía más cómodo en inglés que en alemán. Conversábamos en inglés. Ay, Jonas... Tan educado y atento, él. En un momento, sin darme cuenta, un chico raro empezó a bailar detrás de mí. Es la clásica: empiezan bailando detrás de ti y luego te agarran de la cintura como si todo el tiempo les hubieras permitido estar ahí, cuando la verdad es que una recién se entera una de la presencia del individuo cuando éste se atreve a rozar su asunto con nuestra espalda. Y bueno, Jonas lo vio detrás mío y a lo mejor sus intenciones se olían a un kilómetro a la redonda. Jonas me cogió de la mano y me cambió de lugar. Así el susodicho no pudo acercárseme.

En el Studio nos encontramos con tres amigas de Jonas. Él vive con un chico (por fin supe que ese negrito con el que siempre me cruzo era nada menos que francés) y ese chico es amigo de una de ellas, la más loca por cierto, que es parisina.

Y todo chévere. Hasta que nos sentamos a tomar juguito de KirschBanane porque yo me moría de sed después de tanto baile y veo pasar la figura inconfundible... el polo negro con las letras de I MY (dibujito de un skate); la polera gris abierta y, sobre todo, el inconfundible sombrero fedora color crema. Lo vi pasar caminando con pasos largos (porque sus piernas son largas también) y entrar a la sala donde ponían música electrónica. No podía quedarme sin quitarme de encima la duda: ¿sería él? Mi reacción fue casi inmediata, "espérame Jonas, ya regreso" y me dirigí a la sala de electrónica. A medio camino me encontré en un dilema: puede que haya ido al baño, que está en esa misma dirección. "Pero los hombres no van acompañados al baño y él iba con un amigo que lo seguía; además, si es que no lo encuentro en la sala, aún podré darle el alcance a la salida del baño, seguro que de estar ahí, se demorará todavía un rato. Por último, chances de que se haya metido a bailar son más altos." Y con esa idea, me metí a la sala.

Estaba llenísima de gente y yo tenía que abrirme paso entre la multitud. Caminaba como buscando a alguien. Y entonces vi el gorro, vi la polera, vi el polo, vi la cara... y era él. La sorpresa semi fingida: "¡¡Hola!! ¡¡Pero qué sorpresa!!" "Sí, ¡qué sorpresa!" "¿Qué tal?" "Bien, bien, ¿y tú?" "Bien también" "No habrás venido sola, ¿o sí?" "No, no, vine con unos amigos" "Ah, ¿con el Jannick?" "No, no, con otros..." "Ah, ok" "Bueno, ahí están (por suerte encontré a las amigas de Jonas poco después), me voy con ellas, ya nos vemos" "Sí, nos vemos" "Byee" "Chauuu"

Pero yo ya sabía que él estaba ahí. Y él ya sabía que yo también estaba.

Volví a buscar a Jonas y juntos entramos a la sala de electrónica. Pero Jonas se quedó casi en la entrada, bailando con la amiga francesa y yo entré hacia el fondo, con la rubia. Y ahí al fondo estaba también Marc. Y al fondo estaba también ese sujeto raro que quiso bailar detrás de mí un rato antes. Por cuestiones que no me explico, la rubia y yo terminamos bailando al lado de Marc. Y justo en ese momento se acerca el chico este, ese flaco de piel canela, ojos grandes y hundidos y mentón en punta. Y la rubia, que seguro también podía oler las intenciones de ese chico a kilómetros de distancia, me abandona y me deja en sus garras, como quien dice. Y todo eso prácticamente frente a Marc, a vista y paciencia suya.

Bueno, me fui con el chico anguloso. Bailaba como suelen bailar los chicos cuando quieren algo. Yo ya sabía. Y no quería besarlo. No me gustaba. Pero el jueguito de no te dejo y sí te obligo empezó a seducirme. Me esforzaba por mirar hacia otro lado y él cogía mi cara con ambas manos y la dirigía hacia él, aún sin intenciones de besarme, pero obligándome a mirarlo a los ojos. Y se me acercaba y me abrazaba de manera que no podía escapar. Todo de manera que cuando nuestros labios se juntaron por primera vez, sentí un alivio de tensión muy grande y agradable. Pero no duraría mucho... su rostro anguloso lo delataba; igual que Naji, el iraní malpensado, besaba horrendo. Bueno, no tan horrendo, pero mal. Y me asqueó. Y me esmeré en besarlo lo menos posible hasta que tuviera oportunidad de safarme.

Luego pasó lo incómodo (claro, como si el hecho de que Marc me viera irme con otro bien apachurrada no fuera lo suficientemente incómodo). Marc empezó a bailar conmigo como lo hizo ese día en casa de Felipe. Yo sabía lo que buscaba. Y la verdad no me molestaba (porque huele tan rico...) Salvo, claro, por el hecho de que Jonas estaba ahí, ganándose con todo el asunto. No sé qué tan incómodo se sentiría; Sofía me dijo que no había dado señales de que yo le interesara como algo más que amigos. Pero igual me sentía raro acercándome tanto a Marc (y dejando que él se me acercara tanto) frente a Jonas.

A eso, súmenle que la amiga rubia de Jonas parecía especialmente interesada en Marc. Cada vez que él se me acercaba bastante, ella lo distraía quitándole el sombrero fedora color crema, sin el cual él parece no poder vivir. Y él se desvivía entonces tratando de recuperar el sombrero. Así que entre ella distrayéndolo, Jonas mirándolo, yo palteándome y aprovechando la música movida para despegarme de Marc, no llegamos a darnos ni un solo beso.

Al final, quedé con la parisina de irnos juntas para tomar el bus de las 4am. Eso significaba que a las cuatro menos cuarto tendríamos que salir y sólo quedaban unos diez o quince minutos, a lo más. Le dije a Jonas. "Yo me quedo." Ok, él se quedaba. ¿Qué hacer? ¿Me voy con ellas o me quedo con Jonas? Pero quedarme con Jonas era quedarme con Jonas y con Marc. ¿Y qué pasaría con Marc si nos quedábamos más tiempo juntos y más solos? ¿Y estaba dispuesta yo a dejar que Jonas se ganara con la situa? No, la decisión más práctica era irme. Y eso hice. Decidí tomar el bus de las 4am y salir con la parisina y sus dos amigas.

Al hablar con ella y con Jonas sobre la salida, había perdido de vista a Marc. La siguiente pregunta era: ¿quiero encontrarlo nuevamente en estos diez minutos que me quedan? Casi instintivamente me respondí que al menos procuraría hacer contacto visual. Y sí, sólo eso bastó, un par de minutos después, estaba él a mi lado, bailando de nuevo como antes. En un momento que estábamos frente a frente, abrí los ojos para ver a Jonas detrás de nosotros. Me hizo un gesto indicándome que me fijara en la hora. Ya habían pasado mis diez minutos de recreo. Era hora de irme.

Y me fui. Me despedí de Marc. Esperaba que me besara como en la fiesta de Felipe. Pero no, sólo se despidió con un abrazo y me dijo "komm gut nach hause". Me despedí de Jonas. Me dijo lo mismo y yo le dije lo mismo a él. Con eso, nos fuimos. Llegamos a la parada, donde me encontré con esa chica qeu estudia tango conmigo y cuyo nombre siempre olvido. Subimos al bus y, llegando al Bültmannshof, me encontré con esa otra chica arequipeña. Y bajamos y nos fuimos cada quien para su casa.

Y llegué pensando: THE FUCK JUST HAPPENED?!?!?! Y lo siguiente que pensé fue lo que puse en el título de esta entrada. Y lo siguiente que hice fue escribir lo qeu acabas de leer. Y lo siguiente que haré ahora será dormir.

¡Hasta mañana! Komm gut nach Hause!

No hay comentarios:

Publicar un comentario