martes, 28 de febrero de 2012

experiencia de vida


Quiero mencionar un par de experiencias que me marcaron mucho para explicar una gran contradicción con la que me encuentro hoy en día constantemente.

Cuando conocí a Paola, éramos muy niñas las dos. Vivíamos esa edad en la que uno cree entenderlo todo, saberlo todo. El mundo cabe en la palma de la mano y todo es fantásticamente analizable, clasificable y deducible para una adolescente con un IQ de 210. Por entonces, confiaba en mi criterio más que en cualquier otra cosa, sobre todo si esa cualquier otra cosa venía de algún adulto.

Uno de los temas recurrentes era el de los prejuicios. Considero que no lo discutíamos como lo discute cualquier otro. Recuerdo el momento en que Paola me señaló un prejuicio mío que se había evidenciado a dar por sentado algo que ella había dicho y yo quedé algo confundida. Le dije “yo pensaba que los prejuicios eran como los de ‘creo que eres así porque eres negro, porque eres cholo, porque eres blanco...’” y ella me respondió “eso también es un prejuicio”. Entonces entendí que un prejuicio es cualquier cosa que damos por sentado antes de haber preguntado. Uno debe procurar estar seguro antes de abrir la boca y no hablar a las locas, corriendo el riesgo de no estar entendiendo el mensaje o de que el otro lo malinterprete, impidiendo la comunicación, o, en un caso grave, como el de que alguien se sintiera ofendido, truncándola a futuro.

Desde entonces empecé a tener especial cuidado con mis palabras. Empecé a procurar terminar mis oraciones de manera gramática. Comencé a tomar conciencia de cada palabra que salía de mi boca y empecé a darme cuenta de los errores garrafales que cometían otros tanto en su escritura como en su oralidad. Algo que me sorprendió en ese momento fue darme cuenta de que, a pesar de los tantísimos errores que existían en la comunicación diaria, las personas se entendían entre ellas. Los vi como locos comunicándose a través de idiomas completamente distintos o, peor aún, a través de ningún idioma en absoluto. Y esa efectividad en la comunicación a pesar de su nivel de impulcritud me parecía fascinante a la vez que algo indignante.

La educación que recibí en el colegio alemán intensificó esta forma de ver las cosas. Yo aprendí a clasificar novelas de acuerdo a sus características, y aprendí a identificar esas características a través de descripciones y observaciones meticulosas. Me enseñaron el efecto que tiene cada recurso literario en un cuento, y por qué un poema da ternura, conmoción, miedo o rabia. El aspecto técnico del arte. El cómo, la tecné. Y para ser técnicos, hay que ser precisos, exactos al momento de explicar por qué siento tal o cual cosa al leer esto o aquello. Las palabras nunca sobran, más bien suelen faltar.

Siempre he sido muy partidaria de la aplicación de lo aprendido en la vida y en uno mismo. Es por esto que cuando yo me encontraba con una situación difícil, trataba de analizarla igual que a mis poemas. Técnica, científicamente. Esto suele ser bastante complicado cuando se tienen quince o dieciséis años, pero con el tiempo uno se va cogiendo la práctica y se acostumbra. Creo que es en gran parte por esto que yo me he convertido en la persona tranquila que soy. Y por eso es que hay una cosa que me cuesta mucho crear en mí y entender en otros: el enojo.

Pero no quiero hablar de eso ahora, sino más bien entrar en la segunda parte de mi relato, que es la que explicará la gran contradicción con la que me encontré.

A Miguel lo conocí mucho después. Hace relativamente poco. Con él redescubrí algo que tenía olvidado en el fondo de mi mente: la comunicación sin palabras. Es algo que, lógica y técnicamente, puede sonar imposible a primera vista. Pero es más que cierto y está más que asumido por los lingüistas contemporáneos. Dos personas que, estando en la misma frecuencia, no necesitan más de tres o cuatro palabras para entenderse perfectamente, con toda profundidad. Basta una mirada, y ya se sabe. No sólo no hay necesidad de dar explicaciones, descripciones, detalles, sino que todos estos son superfluos, sobrantes, innecesarios y hasta molestos.

Y, finalmente, mi reciente relación con un hombre doce años mayor que yo, formado en el ámbito de las comunicaciones. Uno esperaría un nivel comunicativo, por lo menos, bastante similar...

Me equivoqué.

Muchas veces tuvimos el problema de que él no se acostumbrara a que yo no entendiera las cosas que él no me decía. Se quejaba de que tuvieran que decírmelo todo, de la A a la Z, para que lo entendiera. A lo que yo pensaba: ¿de qué otro modo lo podría entender? Si me dicen, por ejemplo, “tú y yo somos distintos”, yo, si no estoy muy interesada en lo que me dicen, podría decir “sí, cierto”, pensando en cosas como el sexo, el género, la edad, el color de piel, de los ojos, las experiencias. Pero al hacer una afirmación así, cada quien le da una interpretación distinta. Y mi interés me lleva a preguntar una y otra vez “¿a qué te refieres?” porque, para mí, en el fondo, no es obvio. Es en este momento cuando me caía el discurso de que “no entiendo los conceptos generales”.

Yo me pregunto, honestamente, si él estaba en la razón o no. Siempre he creído que muchas personas se ven sobreexigidas cuando se les pregunta “¿a qué te refieres?” y tienen que especificar algo que acaban de decir. Tal vez su enojo o indignación sea una reacción para pseudo-justificar la pura flojera de hablar o de pensar o de ver adentro de sí. Pero el ver a dos personas en cuyo criterio confío reaccionar de esa misma manera, me hace dudar sobre esta postura mía.

Y esta es la gran contradicción: ¿En qué medida es necesario limpiar la comunicación? ¿En qué medida es necesario cuidar el lenguaje? ¿En qué medida es necesario ser preciso con la expresión de los sentimientos? ¿En qué medida son necesarias las palabras? La respuesta que me doy de manera automática es “es necesario en la medida en que es necesario.”

Con eso quise decir (y aquí voy, explicándome de nuevo) que siempre hay que buscar el equilibrio, pero el equilibrio no se puede encontrar en la practicidad, sino que está dentro de uno, es algo visceral, casi inexplicable. Y, por eso, lo que es equilibrado para mí, probablemente no lo sea para el otro, y uno tiene que aprender a entender, aceptar y vivir con eso, partiendo siempre de uno y actuando por uno mismo.

lunes, 27 de febrero de 2012

A veces me dan ataques de realismo o nihilismo o pesimismo o como sea que se llame esa actitud y pienso cosas como esta.
"Parece muy bonito pensar que podemos ser ciudadanos del mundo, que donde sea que se abrace la gente estará nuestra nación, pero a la hora que llegamos a un territorio extraño, nos damos de cara contra los shocks culturales, con formas que nos impiden comunicarnos limpiamente e incluso actuar con tranquilidad y naturalidad. Entonces sentimos que el resto de personas 'están mal', que son insensibles, que no entienden, y empezamos a criticar y juzgar al resto en base a sus convicciones o creencias... Entonces nos damos cuenta de que ser 'ciudadano del mundo' no es tan fácil como decirlo.

mendigando amor


De alguna manera, por alguna razón, siempre termino procastinando las entradas para este blog. La misma razón por la que siempre se me ocurre qué escribir cuando camino de la estación de tren a mi casa. Seguramente. Sí. Seguramente.

Últimamente me invade una idea cada vez que hago ese camino. La idea de llegar a casa. "Llegar a casa"... suena tan lindo, tan poético. La idea de tener un hogar, un lugar donde me sienta a gusto, un lugar a donde llegar, una Ítaca con una Penélope esperándome. Y es eso precisamente lo que siempre me falta: la Penélope. Lo recuerdo cada vez que hago ese camino. Es inevitable, porque es mi último trecho a casa, la recta final antes de entrar en la habitación con calefacción, antes de huir finalmente del frío hasta el día siguiente. Mi lugar.

Necesito a una Penélope. Necesito saber que tarde o temprano, habrá alguien esperándome. Esperándome para dormir acurrucados, para comer juntos, desayunar juntos, ordenar juntos, cocinar juntos, limpiar juntos. Esperándome para hacer las compras juntos y para salir juntos a tomar aire. Lo curioso es que no quiero a una Penélope que esté conmigo - si fuera así, ya no sentiría que es una Penélope lo que busco. No, no quiero a alguien con quien quiera pasar todo el día. Yo no soy ese tipo de persona.

No estoy segura de si digo esto por el rollo con J. Pero de eso hablo después. Ya ves, lo que necesito es alguien que "esté ahí". Alguien que me necesite. O sea, necesito sentirme necesitada, por un lado. Al menos eso pensé primero, pero luego fue como un... a ver: necesito sentirme necesitada. Pero hey, hay mucha gente que me necesita ahora mismo. Tengo amigos muy queridos, tengo familia, y todos ellos me necesitan. Sí, cierto, me necesitan, pero no les resulto indispensable. Tal vez irreemplazable, sí, pero no indispensable. Yo quiero a alguien que me considere el amor de su vida, alguien que, si pudiera, pasaría todo el día conmigo. Sí, pero yo misma dije que yo no quería a alguien para pasar todo el tiempo con esa persona. Claro, es que no es que quiera a alguien PARA pasar todo el tiempo con él. Quiero a alguien que QUIERA pasar todo el tiempo conmigo. Por eso: una Penélope. A alguien que "esté ahí".

J me llevó a pensar que tal vez las ausencias de mi padre y de mi madre hayan dejado huellas en mí que yo no he notado todavía. No me lo dijo así, esa fue una conclusión propia, pero para no hacer larga la historia, digamos que ella me ayudó. Así que en esta situación no pude evitar pensar que tal vez eso tendría que ver en el asunto... alguien que esté ahí. Que esté como mis padres no estuvieron. Quiero a alguien que me necesite como mis padres no me necesitaron... no, no es eso. Que me espere. Un lugar a donde llegar. Una casa. Eso.

Me di cuenta de que siempre ando esperando, siempre soy yo la que se entrega, la que tiene paciencia con el otro. Ya no quiero eso. No quiero seguir mendigando amor.

viernes, 24 de febrero de 2012

thinking of transfering my lifejournal to blogger or wordpress. Nostalgia. Dont know what to say. Im talking in english, i dont need accents, i dont use apostrophes. i dont know how to write apostrophes. the word, i mean. Hola. adios. I miss you. That was easier said than done. saying it to you I mean. I know you've been stalking me, you said it yourself. did you come here? to this blog? so many things have happened. luis, luis, herbert, friends, lágrimas, llanto, javi, herbert, herbert, herbert... thinking, i'm thinking and i cant stop, i cant sleep, i cant even read, i feel like doing nothing, im not even in the mood for sex. think about movies, not feel like watching any. think about animes. dont feel like watching any. think of rodrigo, he writes blogs too. in english too. rodrigo wants his boxset. heydi honigmann or whatever. peruanisch. makes documentaries. beautirufl documentaries. dont care about dlsclexia anymore, you see. what is this, all messy and stuff. and stuff. kickthepj, look for it, he sais that too. i know i see all my grammar mistakes here, i cant help them, strom... stroemung, innerer monolog, no, ¿cómo se llamaba la mierda esa? ulises, james joyce, no me acuerdo... stroemung, corriente de consciencia? algo así? ya ni siquiera uso los ¿ de entrada. no interesa, nada interesa cuando nada intederasa, cuando no hay ganas de nada, cuando se sobrevive. veo mi vida desde una ventana a través de la cual veo mi futuro. y en el futuro, soy una niña otra vez. unaniña pequeña con vestido rosaco dorriendo en el pasto verde, en colinas que suben y bajan, persiguiendo mariposas, persiguiendo la bomra s del águila como un caballo, como spirit, el corcel indomable, del cual me enamoré cuando vi esapelicula. si, amor, amor... ¿dónde estás? yo quiero eamorajfaslte enamofarte, amornomarte, enmasortesante, no puedo escribir, me desconcentro y sale cualquier cosa. silvia. silvia escribe, sus dedos quemados. dice que escribiendo se curan todas las hericas,d, aunque se amnahcen  con mostaza el teclaso, poreuq e lo mancho de lozmstaza. libre, no se donde estanla s letarasd, el cletadsdo . todo sale mal cuando no te concentras, concéntrate... si estuviera escribiendo en mi iiadaf+odsp rias tiarios DIARIO, esto seria un gran mess. a big mess. switching into anslidahg english again. herr remondl... remold. ¿te acuerdas de él? tu primer crush con un lehrer. der helsrer, lehrer. herr baxmeyer. baxmeyer. mein crish. CRUSH. puta madre, por la puta madre que lo reputísimo pario cohoañdofjaoñvjobaaorfgaidsono. no. no puedo, no. no me da el alma, no me da el cuero. me voy a quedar echada con los ojos abiertos, queriendo dormir, mirando el echo, pensando, mirando el techo, pensando, llorando tal vez, pensando en javiera, en herbert, en el miedo. miedo a que me rompan el corazón una vez más, miedo a entregarme una vez más, miedo a que no me quieran, miedo a querer. sí, miedo a ser desilusionada, defraudada, decepcionada. miedo a idealizar, miedo a... miedo a sentir. miedo a la vida.  ¿crees que sea para tando? no lo sé, sólo que esque toy escribiendo en sedrosznen como salga y esono esno sta bien tengo que parar. tengo qu e parar. tienes que encontrar esto. leeme, etntisnademe, eres el unico que puede, tu. tu. tu... ocupado. chau-chambio y fuear