jueves, 10 de marzo de 2011

Cómo escribo

Y ojo que dije "cómo escribo" y no "cómo escribir", porque no hay cosa que encuentre más odiosa que esa gente que se pasa dando consejos a diestra y siniestra sobre cualquier cosa, creyéndose muy sabihondos. Nah, esto es sólo mi experiencia, lo que yo hago, lo que a mí me pasa y ya.

Siempre he imaginado a alguien preguntándome algo que a mí me gusta preguntarles a los artistas: ¿cómo creas? En mi caso, ¿cómo escribes? O sea, cuál es el proceso creativo. Me parece un asunto de lo más interesante. Yo, personalmente, separaría mis procesos creativos en dos tipos:

1) El emocional: porque no sé de qué otro modo llamarle. Sucede que voy caminando, haciendo cualquier cosa al azar y de pronto, ¡bam! se me ocurre algo. Pero no es una idea, sino es más bien una oración hecha, completa, terminada, una idea realizada casi totalmente, que sólo necesita que yo la apunte para repercutir en el plano material. Entonces busco desesperadamente algo, un papel, la computadora, una servilleta, la pared, lo que sea; un lugar donde empezar a escribir porqeu una vez que empieza, suceden las demás palabras como en catarata, una tras otra, tras otra, tras otra. Yo no lo detengo, se detiene solo. Yo no lo controlo, se controla solo. Yo ni lo escribo, se escribe solo. Yo sólo voy apuntando lo que va llegando a mi mente, como una caña a través de la que va soplando el viento.

2) El mental: otras veces el proceso es más intelectual, podríamos decir. Esta forma de creación es más tediosa y demora más, pero es también mucho más entretenida. Es cuando se me ocurre que quiero hacer un cuento o un poema o una historia en general con determinadas características. Entonces voy pensando qué necesito, cómo deben ser los personajes, qué estilo utilizar... Voy calculando variables y construyendo de acuerdo a mis resultados. En esos casos me siento más bien como un arquitecto o como un ingeniero diseñando planos de algo que luego tengo que construir yo mismo. Cada palabra, un ladrillo. Cada oración, una pared. Cada escena, un cuarto. Y así, hasta que termino. A veces la construcción no es una casa, puede ser también una máquina, algo dinámico que se va moviendo mientras el lector se va moviendo dentro, no lo sé. Pero suelen ser cosas un poco más complicadas las que nacen de este proceso.

Estas son mis fuentes de inspiración, por así decirles. De aquí voy sacando mis borradores, mis ideas generales. Pero usualmente son eso, versiones primeras. Sea de una u otra manera, siempre dejo la primera versión reposar un tiempo. La cantidad del tiempo es relativa, a veces basta un minuto, a veces puedo necesitar un año. Lo que importa es que sea el tiempo necesario para que pueda leerlo una segunda vez con nuevos ojos. Así, la idea es sentir lo que sentiría un lector desconocido al leer lo qeu acabo de escribir; verificar si estoy transmitiendo el sentimiento o la idea original. Puede que haya que pulir por aquí, por allá, que haya grumos en la historia. Esos hay que disolverlos hasta que quede algo uniforme, homogéneo. Hasta que la historia se convierta en una flecha certera apuntando hacia la idea que quiero transmitir.

Y creo que voy a terminar mi explicación en este punto porqeu esto de transmitir es tan relativo, si el arte debe usarse como fin o como medio, si se puede transmitir una idea a través del arte en absoluto (por eso de la relatividad en la percepción de cada uno) y en fin, ya saben. Demasiado que decir para abarcarlo en una pequeña entrada de blog.

No hay comentarios:

Publicar un comentario