Qué domingo tan triste y gris. Y también tan apropiado. Combina perfectamente con mi estado de ánimo. Sin sol pero sin lluvia, sin ganas de brillar pero tampoco de anublar. Igual que mi falta de ganas de reír y de llorar. Una apatía perenne impregnada en el color gris del alma de la ciudad. Y en el de la mía.
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