Nadie lo sabrá. Aunque lo publique aquí, esto realmente no se lo diré a nadie. No mencionaré nombres. El nivel de complicidad fue único. Esto es hermosamente mío y no tengo por qué compartirlo con nadie más. Mejor para mí y mejor para ti también.
Ya no recordaba lo que era un buen beso, una caricia sincera - o que al menos se sintiera sincera. Los días sufriendo en varios niveles me habían dejado necesitada de cariño y de placer. Y tú, gigolo profesional por vocación, dotado con complacencia, supiste medir tus movimientos a cada segundo.
No sé si fui obvia desde el comienzo. Yo sé que sabía que existía la posibilidad de un reencuentro de ese tipo. Pero te vi lejano, distraído en tu nueva vida. No quise acercarme más hasta muy entrada la noche. Tal vez con alcohol en las venas, me hubiera atrevido a reducir el tiempo antes de acercarme, o a decirte lo que buscaba horas antes. Pero no lo hice, yo sólo me senté a tu lado, dando el primer paso, igual que ese primer día del primer beso en que fui yo la que te tomó de la mano.
Aunque, ¿fui yo la que se acercó primero? ¿De verdad? ¿Por qué te quedaste hasta tan tarde en día de semana, cancelando además a tu amiga para venir a mi casa? ¿Por qué no te fuiste antes? ¿De verdad estabas esperando que pasara eso?
Pero no importa ya. Tú te quedas, yo me acerco, tú lo entiendes y te acercas y luego más y más. Hasta estar tan cerca que no hay más remedio que besarme. Y fue el beso más delicioso que me hayan dado en los últimos dos años.
No sé si el hecho de que me dejaran tirada cinco veces consecutivas me tenía frustrada y arrecha, pero sí supe que desde que me contabas cómo le hablabas a esa otra chica, me empecé a excitar bastante. Luego con tus miradas, luego con tus "piques", tus cosquillas, tus abrazos... con cada acción fuiste pulsando, tanteando si me dejaría arrastrar a lo que terminó siendo toda la noche.
Lamento lo de tu dolor de cabeza. Luego pensaba "si es así con dolor de cabeza, imagina qué sería estando tranquilo..."
Me curaste de mi tristeza porqeu me sentí abandonada y poco querida, poco deseada. Disfruté de ti como nunca había disfrutado de nadie y me sentí reina esa noche. Claro que todavía me pregunto si se repetirá, pero estoy segura de que si se repite, será espontáneamente. No hay nada planeado, nada predicho. En principio, fue una cosa de una vez y no volverá a suceder a menos que nos busquemos para eso. Pero te juro, te prometo por lo más sagrado que esto yo no se lo diré a nadie. Puedes estar tranquilo. Me basta con la noche de placer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario