Y lo de Raquel es raro. Se va de viaje, fue imprevisto. Debe haber cambiado la configuración de su blog porque no me llegaban las actualizaciones al Google Reader y asumí que no estaba escribiendo nada. Pero no, ha seguido escribiendo y yo había dejado de leer por lo menos unas seis entradas. En la última contaba del viaje. De haberla leído a tiempo, le hubiera preguntado al respecto. ¿A dónde ser irá? Espero que le vaya bien en todo sentido. Le deseo experiencias buenas.
Pero lo del viaje no es lo raro, sino el hecho de que ahora nuevamente le guste alguien. O no, ni siquiera eso. Lo raro es mi reacción. (Juan acaba de entrar a messenger.) Usualmente me hubiera sentido triste y celosa. Así me sentí la primera vez que me contó que le gustaba alguien. Luego me contó que todo había sido una confusión, una atracción pasajera. Sentí un poco de alivio. Pero esta vez no fue así. De hecho me da un poco de pena la idea de que yo no tenga esperanzas de llegar a algo con ella jamás por el hecho de que ella esté ya con alguien. Pero no me siento horriblemente triste ni mucho menos celosa. De verdad es la primera vez que puedo decir con más sinceridad que nunca que me siento tranquila y hasta feliz de que ella esté viviendo cosas nuevas. Y si le funciona la relación con Patricio, pues genial, excelente. Evidentemente yo no soy Patricio y siento una absurda convicción de que yo me esforzaría más que cualquier otra persona en hacerla feliz y en no atarla y en llevar la relación de la manera más armoniosa y zen que sea posible. Pero al final la química no depende de uno nada más, sino de los dos, y es tan importante como la madurez de ambas partes de una relación para que ésta se desarrolle plenamente. Así que supongo que si no se da, pues será una historia más de amor frustrado en mi vida. Otro Jose Luis. Qué más da.
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