lunes, 1 de noviembre de 2010

meditación del fuego

debí escribir esto hace tiempo. Sucedió la semana pasada. Al final de la clase de baile e improvisación, las chicas encargadas del calentamiento decidieron llevar un ejercicio de cierre: "meditación del fuego".

El nombre lo dice todo. Consistía en meditar con la mirada puesta en una velita de té. No dieron instrucciones de cómo meditar, ni de lo que eso significaba o implicaba, sólo dijeron qeu tratáramos de disfrutar de la música, dejar que la mente vaya por donde quiera, relajarse y ya. Yo me quedé mirando el fuego, tratando de entenderlo. Pasé mi mano por encima, tratando de sentir el calor. Traté de sentir mi peso, sobre el piso, repartido a lo largo de mi cuerpo; sentir el cojín debajo mío, el calor de la vela al frente, sentir cómo todo influía sobre todo para generar una situación concreta en un instante.

Y entonces, en ese estado en el que trataba de entender el fuego frente a mí, me golpeó una pregunta: ¿Por qué estoy intentando hacer esto? Cierto, es una mezcla creada en mi mente a partir de muchos ejercicios que le he escuchado hacer a Sofía y a la gente de la nueva ciudad alta, pero es algo más. ¿Qué quiero lograr con ese ejercicio? ¿Por qué tratar de sentir lo qeu me rodea sin la mente racional?

La respuesta no se hizo esperar más de tres segundos. Uno, dos, tres. Esto es lo que hace Sofía, lo que hace Raquel. Por eso pueden manipular la materia a su antojo. Entender lo que te rodea es una manera de acercarse a todo eso, de ser parte del universo, de volverse parte de él, de unirse. Comprenderlo intuitivamente, sintiendo, es como poner la mano sobre un objeto en el mundo físico, material: hacemos contacto, y entonces lo podemos mover.

No diré que pude manipular el fuego en ese momento. Incluso ahora, no puedo. Ni el fuego, ni nada. Pero al menos entendí por qué es importante (o por qué me importa a mí) y qué significa esa forma de entender, a qué ayuda y una de sus consecuencias (si es que no es la única). Raquel se alegró cuando le conté. Me dijo que le caía bien mi profesora. Ja, mi profesora...

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