Me emociono cuando Raquel me menciona en su blog. Se siente bonito. El otro día soñé con ella, o bueno, soñé que hablaba con ella por messenger (ja, qué sueño para más tela ¿no?). En mi sueño, me saludaba diciéndome "hola pequeña" y yo me emocionaba más por eso. A lo mejor me gusta, quién sabe. La verdad es que ni yo lo sé. Y es mejor así.
Hace un par de días tomé consciencia (y tomé con otra chica más XD jaja) no, en serio, tomé consciencia de que nadie me está apurando en los estudios. Cierto, hay cursos que tengo que seguir obligatoriamente para poder graduarme y los créditos y las notas y todo eso. Pero puedo tomarme el tiempo que quiera y aprender todas las cosas que quiera, armar mis horarios como quiera y hacerlo todo con calmancia y pacientura. Al fin y al cabo, lo que quiero hacer llegando a Lima tiene más que ver con conocimientos comerciales y con voluntad que con cualquier otra cosa en primera instancia. Y esas cosas ya las tengo.
Estoy en una etapa de seguridad, eso es lindo. Y en gran parte se los debo a mis amigos. A Sofía y a Raquel más que a nadie. Y me siento feliz de conocer a las personas que conozco, me siento un poco más cerca de ellas (a pesar de que los alemanes suelan tener problemas para acercarse verdaderamente a las personas). A propósito de eso, ayer estuve en una práctica de coro con Javiera y sentí muchas ganas de abrazarla, pero no me atreví. Me acuerdo de que una vez Sofía me dijo que yo daba la impresión de necesitar mucho amor porque la abrazaba seguido, creo que eso me detuvo de abrazar a Javiera, se sintió feo que Sofía pensara que la abrazaba por razones egoístas, aunque a lo mejor tuviera razón. El otro día, en clase de salsa con Katharina, vio un gesto mío de felicidad y me abrazó enternecida y se sintió bonito. Y tengo que decir que también me sorprendió que me abrazara de esa manera tan espontánea, supongo que tengo ese prejuicio sobre los alemanes de que no suelen expresarse mucho físicamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario