lunes, 31 de enero de 2011

autocontrol

me hizo mucha falta hoy. sylvia es la única que se ha mantenido conectada conmigo a través del facebook desde que mi ex y yo terminamos. De vez en cuando nos dejamos comentarios en las publicaciones, nada muy personal. Con ella nunca me llevé mal, pero tampoco conversé largo y de corrido como con Elita. Elita sí me habla por el messenger, se acordó de mi cumple y todo. Y me para mandando buenas vibras. Y yo a ella también, me cae superbien.

El otro día le dejé uno de esos comentarios a una publicación de Sylvia. De pronto veo en mis noticias lo siguiente: "Luis Enrique C****** S****** también ha comentario la publicación de..." y sentí que se me detenía el corazón o que se aceleraba desmesuradamente o ambas, si es que eso es posible. Y corrí a ver lo que había comentado. Una payasada, como era de esperarse de él. Sigue creyendo que mientras más puntos suspensivos escriba, más larga es la pausa, ja.

Mi reacción inmediata fue responder al comentario con algo más, yo sólo había puesto una carita triste y por eso me había enterado del comment de Luis, pero podía escribirle algo, ponerle "hey, luis..." o a lo mejor incluso "hey, luchito" y seguir con algo tipo "a los años, qué es de tu vida". Pero no lo hice. "Igual y podría poner cualquier otra cosa, responder al comment de él, seguirle la cuerda" pensé. Pero tampoco. Pensé que cualquier acción dirigida a contactarlo a él sería dañina. Para él sobre todo, pero tal vez para mí también. (Ya de por sí, todas estas cavilaciones son algo que escribo a manera de exorcismo, para escarmentarlas como si fueran un demonio que no me deja tranquila.)

Así que no hice nada. No comenté nada. Luego me llegaron las notificaciones de las demás personas que comentaron el hilo. Entre ellas, Elita. Al ver un nombre conocido, volví a la publicación a ver qué más habían puesto. El comentario de Luis ya no estaba. Sólo Sylvia y Luis tendrían el "poder" para borrarlo. Seguramente fue él, al darse cuenta de que yo había comentado antes. Mi comment fue tan pequeñito (sólo esa carita triste) que muy probablemente ni lo vio y sólo se percató de él una vez publicado su comment.

Todo este episodio fue suficiente como para hacerme volver al perfil de Luis. Su configuración de privacidad no me permite ver todos sus álbum de fotos, pero al menos puedo ver sus fotos del perfil y esta vez vi muchas fotos nuevas y varias caras nuevas también. En todas las fotos sale sonriendo. Sonriendo... esa sonrisa que le inflaba los cachetes dándole una apariencia como de osito de caricatura. Me daba tanta ternura esa sonrisa... Hasta ahora me da, no lo puedo negar. Y así, como me está pasando ahora mismo, en este preciso instante, fue que empecé a pensar en él otra vez. En sus abrazos, en lo grandote que me quedaba, en su fragilidad escondida, en su maleabilidad, esas cosas que repotenciadas me hubieran resultado tanto más atractivas... Igual que ahora, me puse a pensar en si él visitaba de vez en cuando mi perfil en facebook y hasta consideré cambiar las configuraciones de privacidad para que pudiera ver todas mis fotos en caso decidiera entrar alguna vez. Pero no, "mi seguridad es primero" pensé. Luego me pregunté si él googleaba mi nombre. Si lo hiciera, de seguro encontraría este blog. Y de encontrarlo... ¿lo leería? Hay nombres en clave, ¿sabrá de quiénes hablo? Y el nombre de él es uno de los pocos que no he escondido, no sé hasta ahora bien por qué. ¿Estarás ahí, entre los pocos lectores de este humilde blog de perfil abierto? Ni idea. Tampoco creo que me entere. Aunque estuviera él ahí, leyendo, seguro no me lo diría. Ni aunque habláramos.

Pero ahí está el asunto. No hablamos. No sé nada de él. Y me metí a su perfil a ver sus fotos en las que se ríe y en las que otras personas de las que no sé nada le ponen comentarios y yo no puedo evitar preguntarme: ¿quiénes son esas personas?, ¿a quiénes has conocido desde que estamos separados?, ¿...eres feliz? Ja, sí, yo misma me acabo de sorprender, pero finalmente me pregunto eso y espero desde el fondo de mi corazón que sí lo seas.

Es cierto que hasta ahora nadie me ha querido tanto como Luis. Con posesividad y obsesión y todo lo que se quiera, pero no me he encontrado a nadie que me atesore como él lo hizo. Y supongo que extraño eso y que en este punto de mi vida sólo puedo relacionar esa sensación de ser tan querida con la imagen de él y por eso lo extraño. Pero tengo que ser sincera conmigo misma y saber que así como él es, maleable pero débil como hoja de aluminio, querendón pero absorbente como arena, no es compatible conmigo. Y espero que encuentre a alguien con quien comparta su manera de querer y que sea muy feliz con esa persona.

Yo no puedo estar torturándome de esta manera. No es posible que requiera tanto autocontrol para no ir y escribirle y preguntarle cómo está. Ya lo veré, agosto está a la vuelta de la esquina. Agosto ya llegará. Y en agosto lo veré. Y sabré si es feliz. Espero que lo sea.

Bueno, al menos después de todo esto ya no me quedarán energías para ir y hablarle. Es mejor así. Sí. Es mejor.

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